martes, 14 de enero de 2014

En la burbuja

Aprendí a bailar el Rock a mediados de los 60s; cuando salí de la burbuja de la España franquista, que me oprimía. Me fui al gélido Lille. Era la época de los “surprise parties” Se bailaba el rock. El rey indiscutible del ritmo liberador era Elvis. Me gustaba y aunque tuve que hacer un gran esfuerzo para relajar mis “rigideces”, el baile me ayudó a eliminar algunas. Me hice adicto, aunque pronto los Beatles se hicieron con un cetro que compartían con Bob Dylan, Joan Baez o Barbara, con sus ritmos de Folk y de Protesta. Soy un fan de la primera hornada, politeísta en música y en otras formas de expresión; también reinaban Brigitte Bardot, Marilyn Monroe, Marlon Brando, James Dean, Pasolini y la revuelta de finales de los 60s, por mencionar algunos referentes.

Los viejos roqueros no éramos monoteístas y confieso que el “Rocky Horror Show”, el hard y el heavy metal me alejaron un poco, aunque he seguido teniendo contactos con el ritmo; me gustó la movida madrileña roquera, como la de Radio Futura y especialmente Sabina y recientemente U2, más concretamente “None line on the horizon”.

A veces voy a un bar de roqueros. Desentono explícitamente; apenas unos pocos me dirigen la palabra, pero no me siento rechazado. Ponen mucha música soft a volumen que no resulta estridente. Me encuentro a gusto.

No sé si el ritmo tiene los mismos efectos para los que compartimos el bar en la actualidad. Para mí, aquél siempre aparece asociado a ruptura de burbuja. Y nadie puede negar que el mismo proviene de raíces afroestadunidienses y se desarrolla a medida que la etnia, considerada entonces como minoría, afianza derechos cívicos.

Aunque hay tanto que nos une; lo que más nos separa es mi urgencia por hacer estallar la burbuja que me oprime, mientras que ellos parecen haberse instalado cómodamente en la misma. No importa que Sabina cante “Por el boulevard de los sueños rotos” Es como si solamente se percibiera una música y una voz desgarrada. No me perece que se sientan las presencias de Chavela, de Frida y de todos los personajes de la canción...

Éstos forman parte de un pasado que para las nuevas generaciones no es sino un pasado. El México de Frida, de Diego Rivera, de Trotski, de Buñuel, de Breton o la miseria de Chavela que remediaron Sabina y Almodóvar, no parecen decir nada a mis compañeros de bar. Tampoco éstos parecen ser conscientes de que se nos están arrebatando muchas de las conquistas que logramos en los 60s.

Me gustaría bailar, como lo hacía entonces, para liberar tensiones. Nadie lo hace y este viejo bajo gordo y calvo haría el más espantoso de los ridículos. Hay algo que une a los roqueros y mucho que nos separa. Aunque me encuentro a gusto en el bar, no lo visito con frecuencia, porque hay algo allí que me hace sentir incómodo.