martes, 4 de noviembre de 2014

Caminante, no hay camino

Ayer por la tarde, Alianza sacó  la lista de la docena de participantes preseleccionados y los nombres de finalista y de ganador. Yo no estaba. No es plato de gusto, claro. No aspiraba al premio y pese al gran número de candidatos – las informaciones a las que he accedido son bastante imprecisas- es duro considerar que mi obra no merece atención alguna para Alianza.
No es mi intención la de daros el coñazo y necesitaría un tiempo para digerir mi nueva derrota. Ayer prometí comunicaros el resultado y el cumplimiento es una de mis primeras tareas. Si quiero que este blog funcione, tengo que cumplir y ser yo mismo; muy difícil en estos tiempos, cuando, por grave error, tendemos a refugiarnos en la soledad del arriero.
Puesto que ya nada puede impedírmelo, os comento que la obra con la que concursaba se titula “Villaviciosa Hermosa”. Es una novela breve, un esperpento que trata de la invasión del feudo de El Gaitero por un gitano rumano mafioso y rico, don Juan, que se da cuenta, de pronto, que tiene en las viviendas sociales de la Villa, a su primogénita Tani y a su ex mujer, Nina. Había abandonado a la última durante su gestación y ahora decide dignificarlas, respectivamente como la primogénita y como la madre de la última.
Tani tiene 17 años y es inteligente y guapa. Desde su ingreso en el instituto está enamorada de Fer, un payo. Ambos son muy buenos estudiantes y han decidido tener un hijo sin pasar por iglesia o juzgado. Nina no pone obstáculos porque sabe que los amantes saben buscarse la vida. Cuando aparece don Juan, padre legal, puesto que no ha habido divorcio, usa de sus derechos legales y de sus dineros para obligar a la pareja a casarse, por todo lo alto y trayéndose todo de Madrid, porque en Villaviciosa no hay nada que pueda satisfacer sus gustos exquisitos. Tani está embarazada.
Don Juan desafía al Gaitero con la Veuve de Clicquot  y con el Chanel de todo el personal que se trae de Madrid, porque de Villaviciosa, ni agua, para organizar una boda para 500 invitados. Se apropia del palacete de Xandru, anciano, miembro de una familia noble cuya decadencia le ha llevado a vivir de una pensión no contributiva, en una mansión cada vez más deteriorada y precaria. El trato es que don Juan se encargará de la restauración y se hará cargo de los gastos que represente una vida digna para Xandru, quien, a su muerte, en ausencia de herederos, legará todo a su benefactor.
Todos nos vendemos. Circula el dinero negro, se hacen grandes negocios, el palacete de Xandru es exquisitamente restaurado. Muere Xandru, quien en vida emulaba al marqués de Bradomín. Solemnes funerales y Tani, que ha abortado por malos tratos derivados de su resistencia a los designios de su padre, separada de un marido que ha optado por doblegarse, se instala en el palacete para explotar un negocio de turismo rural de lujo.

La novela breve, como he indicado, es un esperpento que ha sentado muy mal a las cabezas auto coronadas de Villaviciosa, pero también es un escenario que muestra la falta de escrúpulos para corrompernos, incluido mi perro Julen y yo. El amor de Tani y Fer o la incapacidad de ambos para defenderse, simplemente por ser menores de edad y porque hay pasta de por medio o la muerte del amor o la del fruto del mismo, no cuentan. Solamente cuenta la posibilidad de pagar los recibos de la energía, cada vez más descontrolados .y los recortes. He cambiado mucho en mis dos últimas novelas, en un intento de llegar al lector. Veremos lo que pasa en el concurso de diciembre, pero, como ocurría con el fallo de ayer, estoy preparado para una nueva derrota, hay que estarlo y avanzar en el plan B. Sigo esperando consejos.
Un abrazo esperanzado Carlos

Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.

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