Radio de los 60s

jueves, 28 de mayo de 2015

Caminitos III

Martirio



No me deja vivir. Es como si el Antonio manso y hasta, a veces, tierno, que llevo tantos años tratando, se hubiera vuelto un rabioso león “enjaulao” que me asusta cada vez más, a medida que pasan los segundos, y compartimos la jaula.
-Esa zorra de jueza…
-Edurne
¿Para qué habré abierto la boca? He escapado de milagro a la bofetada. ¡Nunca me había puesto la mano encima! Llora como un poseso. Bien sabe él que no tengo yo la culpa de este encierro o de conocer el nombre de la jueza que me convoca cada vez que se aburre, no debe divertirse mucho la zorra esa… Tras la tempestad viene la calma. Bien lo decía mi madre que en gloria esté, aunque consintiera que su amante me follara. ¿Qué podía hacer ella? Era un bestia. Nada, hasta ahora, me hubiera permitido pensar  que Antonio pudiera ser como él, pero el comportamiento que ha tenido en las últimas horas, ya ni sé cuántas, me ha hecho vivir aquellos horrores. Nunca me había forzado, y lo ha hecho, con tanta furia como lo hacía él. Después, como el otro, me ha castigado con el desprecio. Desde entonces no había tenido orgasmos, pero el que me ha dado Antonio compensa la espera.
Llora como un niño mal criado. A mí no me dejaban llorar. Siempre me lo he tenido que tragar y callar, incluso cuando me casaron con Pedro, ante  los síntomas del embarazo. Cuando veo al Antonio en los brazos dulces de Morfeo no puedo imaginar a los  personajes que me ha traído a la mente esa parte de mi pasado. No había cumplido los quince años cuando tuve a Luci, la primera de mis ocho hijos. Estaba casada con un alcohólico que en pocos meses se había gastado la pasta que le dio mi madre por lavar el honor de la familia…
Antonio me habría hecho olvidar todo aquello si mis hijos y mis hermanas no me hicieran recordarlo con sus denuncias constantes. Luci me odia por haber sido tratada siempre de hija de puta. Carecen de esta razón los que fueron engendrados en lecho bendecido por el sacramento del matrimonio. Es un hecho que todos sufrimos de los excesos de un borracho y de la miseria que nos castigaba. ¿Qué culpa tengo yo?
Estoy llorando como una tonta, no me había pasado desde que se me prohibió, en la tierna infancia. No me atrevo a encender la tele por miedo a despertar las iras de Antonio. Se ha quedado tirado en el suelo y no le oigo respirar. ¿Se me habrá muerto?
No me atrevo a moverme para comprobarlo y las horas pasan lentas, tan lentas que ya me parece una eternidad, ¿Qué estará pasando? ¿Se habrán olvidado de nosotros? Esa puta jueza es un demonio y la tiene tomada con mi persona. ¡Ya está bien! Nunca me deja hablar, pese a que  me acusan de insensateces. Dicen que cuando el río suena, agua lleva, y ya está…
Ahora tendrán que pensárselo mejor antes de acusarme. ¿No dijeron que había rayado el coche del cerdo ese que se ha buscado mi hermana, y que meaba en la entrada de su portal? Pues lo hice bien a gusto, dejé el coche como un cuadro y además de mear eché una gran cagada en su puerta; así aprenderán a cargarme con picias que no he cometido. Eso sí, nunca podrán demostrar que he sido yo. Buen cuidado tomé para que no me viera nadie…
Éste parece que se despierta. No estaba muerto, no. Sigue tumbado en el suelo, mira al techo como si se le hubiera aparecido allí la Santísima Virgen. Mejor, así está tranquilo. La verdad es que antes me ha pegado un buen susto.
Pero he gozado como entonces. Pensaba que no volvería a tener orgasmos, pero vaya si lo he tenido. Mi difunta madre decía que los hombres buenos no sirven como amantes. ¡Qué razón tenía! Antonio parece estar avergonzado, no habla y solamente mira al techo.
Estoy completamente desnuda y caigo en una especie de pozo profundamente oscuro. No tengo dónde agarrarme y estoy acojonada, pero me dejo caer ¿Qué remedio?  Siento  frío, mucho frío, escucho gritos y me despierta el viento y más gritos.
Ignoro el tiempo que ha pasado. La ventana está abierta de par en par y no veo rastros de Antonio. ¿Se habrá tirado? Me asomo y le veo tirado en el suelo, allí abajo. Mucho no se ha podido hacer, esta es la primera planta y ha caído envuelto en mi colchón.
Se arma un buen revuelo, sobre todo por las pitadas de los coches que han visto interrumpida su circulación. Antonio se levanta, cojea, pero eso no le impide salir corriendo como una exhalación, sin ocuparse de retirar el colchón. Los coches siguen pitando. Alguien grita:
-¡Otra vez la puta de la Martirio! ¡Quítanos esta mierda de en medio! ¡Qué asco!
-No puedo-Respondo sin convicción-Estoy en arresto domiciliario…
-¡Nunca debimos dejar que se instalara aquí! ¡Que se la lleven al infierno de donde ha salido!
Oigo pero no escucho. Siempre la misma canción. Como bueno que ya llega la policía y podré recuperar mi colchón. Para ellos es una asquerosidad, para mí, es lo que tengo. Claro que esté asqueroso, pero es lo que encontré en el único piso que podía alquilarme.
Mi prioridad no es la misma que la de los señores agentes.
-Adecéntate un poco, tenemos que llevarte…
-¿A dónde?
-¿A dónde te solemos llevar, monada?
-¿Qué he hecho esta vez?
-Hay una denuncia por escándalo público. ¡Mírate al espejo!
No lo tengo. A veces me miro en el de las peluqueras que, cuando no tienen trabajo, me invitan a entrar y me ponen muy guapa. De sobra sé que soy fea. Mi madre no quería siquiera mirarme cuando me parió.
.¡No tenemos todo el día!-Me empujan como si fuera una colilla ¡Qué poco soy!-
-Yo no he hecho nada…
-Nunca haces nada, pero siempre la lías. Mira el escándalo que estás montando…
-Dejadme recoger mi colchón ¡Es mío!
-¿De quién podía ser esa guarrada? Claro que lo tienes que retirar tú, rica, estás entorpeciendo la circulación.
Me arrastran escaleras abajo y me dejan recoger lo mío ¿Para qué? Ya está todo destrozado. Me pongo a llorar como una tonta mientras ellos me obligan a recoger los despojos. Felizmente Ramona me baja bolsas de basura grande y me ayuda, sin hacer ascos. Ya lo está pagando con empujones y desprecios y sabe que vendrá más.

Me llevan detenida y no tendré más remedio que volverme a ver las caras con la Edurne esa de los demonios ¿Por qué no se irá a su tierra de una puta vez?

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