miércoles, 17 de junio de 2015

Caminitos VI

Laura


Tengo que trabajar para relajarme de mis días de descanso. Especialmente de uno como el de ayer. Pero bueno, valió la pena. La jueza decretó la libertad de Martirio a la espera del juicio de la causa y la puse muy guapa, aunque tuve que esperar a que la soltaran. También  conseguí un colchón y me llevé una gran sorpresa cuando me enteré de cómo terminó el otro en la carretera.
Me toca una mañana aburrida, se diría que a todo el mundo se le hubieran pegado las sábanas y yo no estoy hecha para “pelar la pava”. Me aburro como una ostra, hasta el punto de que me alegra la llegada de Matilde. Ella insiste para que la llame Mati, pero tendría que estar muy pedo para hacerlo, para nosotras es doña tilde. Nadie acierta con ella. Estoy convencida de que no se puede, porque ella no se acepta a sí misma.
-Quiero cortar y peinar.
No sé lo que quiere que corte. Es mi problema, porque luego se pondrá como una furia. Hago sonar las tijeras para que parezca que hago algo, y escucho, que para eso me paga. Tiene demasiada cuerda para el rato que paga con el corte. La pongo frente al espejo para tener su aprobación antes de proceder al lavado y peinado. Me sorprenden sus muestras de satisfacción. Nunca lo hace, aunque la tengamos aquí un día si y otro también.
-Quiero un peinado afro-Lo dice tan ancha mientras se mira al espejo y por muy ciega que estuviera sabría de sobra que no tiene pelo para eso.
-¿No te parece un poco tarde para eso? – Felizmente estoy blindada a miradas impertinentes.
-Se diría que se te dan mejor las delincuentes…
Me tengo que hacer la tonta y cortar por lo sano. Podría tener problemas si llegara a oídos de la jefa.
-Con tu corte no puedo ponerte rulos, por diminutos que sean. Sin embargo has escogido bien para un peinado a la “Garçonne”. Tengo en mente algo que te iría muy bien.
No me cuesta mucho encontrar fotos seductoras de Audrey Hepburn. Llevo una temporada buscando en Google para encontrar modelos de inspiración. Era una pintora frustrada hasta que descubrí una salida tan digna que ha absorbido la atención de la “tilde”. Claro que la Hepburn era otra cosa y no estaba tan rapada.
-¡Qué pedazo de mujer y de actriz! Me emociono como una tonta nada más verla…
Ya está más feliz que una perdiz, sin siquiera apreciar mis pinceladas  
-Quiero éste.
Dejo que sueñe con sus “Vacaciones en Roma”. Yo no he visto la película, soy demasiado joven y poco amante de los romances de aquellos tiempos.
-Aquello era cine y no las mierdas de películas de ahora…
Yo no sé, nunca voy al cine y veo otras cosas en la tele. Me gustan los peinados que descubro en las imágenes  y sobre todo me gusta recrearlos en mi mente y pintarlos. No puedo compartir nada de eso con doña tilde y compenso mi silencio con mi afán por modelar un pelo demasiado corto para jugar con toques femeninos. Se me antoja un rizo flamenco en una patilla, pero…
Menos mal que no hay gente esperando. Mi jefa se pondría como una furia por un tiempo muy superior al que permite nuestra tarifa y tendría toda la razón del mundo. Mis compañeras me miran con guasa y yo creo que hasta con pena. No les cabe en la cabeza que gaste mis dádivas en una petarda como doña tilde.
No me importa. Tengo que lograr ese peinado. Tengo que experimentar en la adversidad. Aprender. Aprender. Aprender. Nunca mejor aplicado eso de que no tengo dónde “agarrar”, pero tengo que encontrar algún resquicio ¿Dónde coño lo voy a encontrar?
Ha tenido tiempo de contarme todas las películas y vida de la Hepburn y yo cada vez más asustada; lo que estoy haciendo no es, precisamente, acercar la imagen al sueño, tampoco lo había hecho en el diseño, cargado de guiños a la picaresca flamenca, que es mi forma de soportar la ñoñería de la actriz; he visto trozos de sus películas. No creo que Mati sea ñoña o que quisiera corte, donde no queda que cortar, o peinado, aún más difícil que lo anterior. Quiere renovar sus chismes..
Sabemos de sobra que somos una de sus fuentes de información. Por si no nos resultara ya evidente, ha nombrado, al menos una veintena de veces, a esa “chusma que nos carcome”, en clara referencia a Martirio,” sin que hagamos algo  por exterminarla de una vez”. Salto del guión al peinado, agarrándome en los esfuerzos que estoy haciendo para juntar las migajas de pelo en algo que resalte. Ella lo nota, estoy segura, porque sus odios parecen apaciguarse, siento su cuento de hadas a través de mis dedos y a mí no me gustan esos cuentos. Me sacan la mala leche de las brujas que los pueblan.
Veo a la tilde que ofrece la manzana envenenada a la pobre Blanca Nieves y me pongo a juntar pelos y a pegarlos con gomina, de forma que resalten en el rapado. Intento formas, pero, con tan poco lo tengo demasiado crudo. No sé reconocer que no puedo. Lo intento y lo intento.
No era mi intención, pero los intentos dejan marcas y me encuentro con una cabeza repleta de pegados que no puedo identificar.
-¡Divina de la muerte! ¡Tienes que hacerme a mí algo así!

Es Ensio. Estoy segura de que a él le mola, pero temo que su opinión sea un agravio para mi clienta. Grave error. La sonrisa delata satisfacción.
_ ¿Me permites un pequeño toque?
Me quedo de piedra, mete sus manazas sin encomendarse a Dios o al diablo, saca sus potingues que según anuncia con orgullo, se trae de Argentina y se dispone a rematar mi obra.
-Lo siento; hace falta el consentimiento de la clienta y el mío…
La aludida no repara en dar muestras de entusiasmo y yo quedo como una tonta; mera espectadora.
Todo lo que te estoy poniendo es natural, querida. Fortalece y da brillo, color y rigidez
Aplica sus potingues a los diminutos mechones que yo había logrado, con tanto esfuerzo juntar. Resaltan, y mucho en una cabeza prácticamente rapada. Para Ensio no es ya suficiente cante. Quiere más y junta más. No puedo creer que logre tanto en tan poco tempo. ¡Con lo que me ha costado a mí!
La vieja está a punto de correrse de gusto.
-¡Qué bien huele todo y sobre todo el peluquero! ¡Tienes manos de ángel!
-El secreto está que no peino, solamente masajeo para captar el peinado que tú me trasmites.
Es mejor que me calle; la pobre está como un adefesio, porque lo es, porque quería un peinado imposible y porque yo había puesto mi granito de arena. Si se entera la jefa de que dejo meter mano a éste puedo tener un disgusto. Ella es muy de principios…Tengo que reconocer que me siento muy liberada. No hubiera logrado salir de esta situación si no hubiera sido por el entrometido.
Ha debido recibir inspiración divina el último. Se ha puesto como una moto. Nunca hubiera esperado que alguien pudiera trabajar con tal rapidez, sobre todo cuando esto y ésta no tienen, siquiera esperanza, de arreglo. El parece cada vez más convencido de su arte y yo no veo sino multitud de puntos negros y brillantes que no tienen nada que ver con la portadora y aún menos con la cara de tonta que otorga la satisfacción incontenida.
Somos nosotras quienes tenemos que contener la risa al ver los resultados. Todos los hasta ahora simples bultitos han tomado la forma de tildes.