sábado, 27 de junio de 2015

Mi artículo de hoy

¡Imagina!

¡Ojala volvieran los  Bob Dylan, los Beatles, John Lennon, Antonio Flores y tantos otros, que clamaban en las “ondas”  que otro mundo era posible! Ahora todos los escenarios pintan a bastos, aunque existan razones para afirmar que pinta a copas: veamos como ejemplo  el asunto griego.


El gobierno de Tsipras logró paralizar la suspensión de las ayudas de emergencia en liquidez (ELA), con que le penalizó el BCE, el 24 de septiembre. Le bastó con denunciar que se estaba produciendo un golpe de Estado proveniente del poder financiero. Se volvió a abrir el grifo y  el Banco de Grecia tiene cobertura para ayudar a los bancos griegos, que se encuentran en una emergencia agravada por la fuga de capitales. Así lo entiende el BCE, que ha aumentado el monto de estas ayudas, argumentando la gravedad de la situación y proclamado, el pasado quince, que la institución debe acudir en ayuda de un Estado miembro que se encuentra al borde del abismo;  que es el caso de Grecia, mientras duren las negociaciones en proceso.  La proclamación se produjo en respuesta a los reparos a tal generosidad, expresados por el presidente del Bundesbank.
Es un avance, no había precedentes de esta actitud en la institución. El BCE no fue tan generoso con Irlanda o Chipre. Jean-Claude Trichet entregó ambos a la Troika.
Lo que se nos presenta como tragedia griega no es tal como la cuentan. El alargamiento de las negociaciones no es necesariamente un mal síntoma. Jacques Chirac ha presumido siempre de haber confrontado a sus homólogos comunitarios, cuando él era ministro de agricultura, durante siete días y siete noches, para contentar a unos campesinos franceses furiosos. No fue una proeza puesto que el gobierno votado por los griegos lleva ya cinco meses de negociaciones.
La tragedia griega que nos presentan los “hacedores de opinión” tampoco es tal, puesto que el dimitido pero aún responsable de Economía del FMI, Olivier Blanchard, el “mago” de las terapias a la actual crisis,  admite que falta por concretar los baremos que permitan evaluar los ajustes que deben exigirse a los griegos y los esfuerzos de los acreedores públicos. Hay margen pues.
Blanchard sabe perfectamente que la terapia de los recortes impuestos a Grecia en mayo de 2010 ha tenido unos efectos negativos muy superiores a los previstos por el FMI. Así, en vez de la reducción descontada de 5% de PIB para el primer año, la caída alcanzó el 25% y pese a las previsiones de mejoría para los años posteriores, la situación no cesa a agravarse.
Los axiomas del señor Blanchard sobre la eficacia de sus medidas a medio y largo plazo parecen difuminarse. ¿No sería el momento más adecuado para concretar lo que el “mago” considera inconcluso?

No necesitamos soñar para ver otros espectáculos que están ahí, ante nuestras narices, pero que no vemos porque nos lo impiden los focos.