miércoles, 29 de julio de 2015

Caminitos XII

Roberto


Estaba esperando a que me reparen  la moto, y aquí tengo  sombra y brisa. No es que crea en el destino, pero hay algo en todas las coincidencias, que ha hecho que me meta en la movida de invitar a esta gente a una botella de orujo.
Cierto es que tengo debilidad por esta bebida, y recuerdos, de cuando era niño, en el pueblo donde nos trasladábamos cuando nos daban las vacaciones de verano. Les ponían un poco en los biberones de los bebés y desde que eran adultos, los hombres iniciaban su jornada tomándose una copita en la taberna.
Me gusta de sobremesa;  a estas horas prefiero un Chinchón seco. No ha sido pues el orujo lo que me ha sacado de mi blindaje de tele portátil y cascos. Yo quería venir aquí, pero, de paso. No voy a ser yo quien revele donde estamos. No me importan las razones de los demás, yo sé que las mías pesan: es el lugar que me obsesiona, pero de cuyo nombre no quiero acordarme. No formaba parte de mi proyecto de viaje pero pasé y he tenido que quedarme hasta que se arregle la moto que, precisamente, se ha estropeado aquí.
Estaba muy tranquilito a la sombra hasta que se ha producido la invasión de ruidosas grullas más desagradable de las que he sufrido en mi vida. Me sentía protegido con mi blindaje y estoy convencido que no hubieran hecho el menor intento por quitármelo.  Yo he salido por mi voluntad, por ganas de meterme en el chisme, porque aquí hay algo gordo, lo veo en las caras y en los gestos; lo intuyo. Ante todo, mi salida me permite escapar a lo que nos cuenta la Sexta sobre la deriva del caso griego. Me irrita la manipulación y el desprecio a la voluntad de los griegos.
Cuando me cabreo me como el coco de mala manera. ¿Por qué he venido cuando me había prometido no volver a pisar esta tierra? ¿Por qué me meto en la movida de esta gente? Ya está hecho y “a lo hecho pecho”.
-¿De dónde sós?- Es Ensio, Responde el niño que llevo dentro.
_Nací aquí. Vivo en Las Palmas
-¿De qué familia es?- Era de esperar el golpe de la vieja chismosa. Me lo cobro con creces.
-Estoy tomando orujo con unos amigos, señora. Usted no es del grupo y no tengo la mínima intención de satisfacer su curiosidad.
-Me eduqué en el Sagrado Corazón y me toca topar con asnos…
-Uno de sus antepasados está enterrado en la cripta de la parroquia-Es Ensio. ¿Cómo puede saberlo?
-No quiero hablar del tema 
-Te he reconocido, Roberto. Estás demasiado bueno para olvidarte
El tío este no se corta un pelo, Hasta siento que su mirada me hace una mamada. No soy maricón; puesto que, según él, me conoce, supongo que estará al corriente. No parece que la lujuria asuste a estas señoras. Bueno, paso de fijarme en Matilde, aunque habla como una cotorra, como si fuera la única que habita este mundo. Me quedo pasmado cuando me entero de que Edurne está preñada.
-¿De quién?- Es Martirio la preguntona.
-Puede ser de cualquiera. Estoy segura que ella misma lo ignora, la muy zorra…
He tenido que retenerme para no soltar la ostia. No quiero líos, no. Lo mejor será escabullirme ¿De qué me conoce este Ensio? Suelto lo primero que se me ocurre para explicar mi retirada.
-Lo siento…Tengo que irme…- Me dirijo a la barra para pagar. Ensio me corta el paso.
-Ya está pagada, colega. Una lástima que tengas que irte, ya ves, nos queda casi entera…Veo que no te acuerdas de mí, estabas tan borracho cuando nos presentó Edurne…
¡No tenía que haber pasado por aquí! Me siento tan miserable como la pobre Martirio. Ella me mira con pena. Yo no quiero compartir. Mi dolor es mío. Ella me coge la mano con ternura.
-No te vayas así. ¡Terminemos la botella!
Me he quedado. No hacía falta partir la cara  a Matilde, el honor de Edurne tiene hartos paladines y la cotilla ha recibido su castigo. Sí, parece que hay embarazo y me duele. ¿Por qué? ¿Qué derecho tengo a reclamar fidelidad a alguien que yo dejé?
Martirio me sigue teniendo la mano como si pudiera ayudarme a encontrar respuestas. Me despierta de un sobresalto cuando sentencia.
-Mi hombre está muerto. Ya nada puedo hacer…
La pobre mujer saca al ahorcado, al fin de cuentas quien ha provocado este extraño encentro, sin jugar el papel de viuda desconsolada. No sé lo que su mirada me quiere decir, pero lo que yo siento es que lo mío aún está en esta vida. Yo quería a Edurne con toda mi alma, pero no pudo ser. Ahora me viene a la memoria la escena en que Ensio pudo conocerme. Si, estaba borracho, muy borracho, cosa que no me suele pasar, cuando rompí con Edurne, hace 10 años. Estábamos celebrando la toma de posesión de su actual plaza de jueza y nos acompañaba su auxiliar.
Es curioso que él recuerde mi nombre y mi cuerpo. Cuando me reuní con ellos yo ya estaba como una cuba y había decidido romper las relaciones. Era  mi despedida. No quiero volver a esa historia. ¿Por qué he tenido que pasar por aquí? ¿Por qué ahora?
-¡Cuidadín! Es inspector de Hacienda…
Hasta Matilde se ha quedado calladita como una muerta. ¡Ojala pudiera meterla un buen paquete! Me tengo que contentar con un buen susto, seguro que esta vieja se aprovecha de la tan abundante economía de la zona y Montoro ya se ocupa de meter miedo…
-No es a mí a quien hay que temer, a menos que tengáis intereses en Las Palmas de Gran Canaria. Otra cosa es que mis colegas de aquí han recibido órdenes de terminar con los abusos de la economía sumergida.
Matilde calla, pero respira terror y Ensio tiene tantas ganas como yo de torturar a la “Tilde”.
-Mucho han esperado, nada más con los alquileres en negro ¡Y a qué precios! Aquí se saca partido de cualquier cosa ¿Verdad usted?- Mira descaradamente a Matilde.
La aludida se hace la sueca, pero tiene muchos más enemigos de los que piensa y todo el mundo, con la excepción del forense, conoce historias que comprometen a la víctima. Ésta se salva por un adefesio de mediana edad que entra como una tromba y casi nos atropella con la mala leche que desborda.
-Hola Rosa Delia ¿Qué viento afortunado te ha traído?
La intrusa no se digna responder. Nos mira con asco.ve y huele el orujo y se dirige al forense.
-Me está usted amargando la mañana, tiene que acudir inmediatamente al juzgado.
-¿Qué?
-Esas cosas no se tratan en los bares y tampoco yo tengo que buscar aquí-Nos mira como si su mayor deseo fuera restaurar la Santísima Inquisición.
-Quién es esta “Torquemada”
Me sorprendo a mí mismo con la pregunta mientras pretendía hacer un esfuerzo para reprimir mis impulsos.
-Es la auxiliar del juzgado, aunque por sus humos e iras se diría que es el “dedo de Dios”.
- ¡Alguien tendría que pararla!
Es Martirio y Matilde se hace con la botella y le tira el orujo que queda en plena cara. Todo ha sido muy rápido, alguien me ha dado un fuerte empujón y al caer al suelo me he dado cuenta de que hay un gran charco de sangre. Puede ser de cualquiera, porque aquí ha habido ostias para todos. Confieso que yo me he quedado bien a gusto.