lunes, 22 de febrero de 2016

Mi artículo de hoy



Apolo y Dionisio

No tengo al alcance El principio de la tragedia, a fin de cuentas, la única obra que tenía de Nietzsche. Tampoco es mi intención filosofar. Mantengo muy vivo el sentimiento de la lucha a muerte entre un Apolo que perdía su dogma, “autóritas”, pero que imponía su “potestas” y un Dionisio, que surgía de los efectos del impacto  de esta degradación en las “tripas” de los ciudadanos.
He vivido este recuerdo en varias etapas de mi vida; la publicación de la  obra en un círculo de filólogos fue una provocación que he compartido, con mis publicaciones, con menos éxito... Los filólogos se identifican con el Oráculo de Delfos, tan denunciado por Dionisio y en todo caso, tan poco sensibles a la visceralidad de éste. La movida para formar gobierno en España tras las elecciones del 20D está en esta guerra.

Hay, en efecto,  un Apolo: el que representan los partidos del “orden”: PP, PSOE y Ciudadanos. Hay un Dionisio, el que representan los partidos del “desorden”, el resto de los aspirantes a gobernarnos.
Apolo no tiene claro, en la “tragedia” de Nietzsche, el mantenimiento del “dogma” y Dionisio tiene este argumento, sobre todo cuando está servido el espectáculo de la corrupción, de la descomposición y las amenazas a la cotidianidad de los ciudadanos.
En tiempos de Nietzsche había otros escenarios, pero con efectos similares en la concepción de la obra. Hay momentos en que Dionisio tiene más audiencia que Apolo, pero el último conserva “potestas”.
Nietzsche considera que los filósofos se cargaron la tragedia y que nos condenaron al eterno retorno de las batallas entre Apolo y Dionisio, precisamente, por los mantenedores del discurso de la descomposición del “autóritas”.
Es cierto, ahí estamos; como si no fuéramos conscientes de que la corrupción es la causa de los recortes y del aumento de la deuda y de que el discursos de Apolo y el oráculo de Delfos, nos la auguran aún más cruda.
Cierto que el nihilismo de Nietzsche lo pinta muy negro. Le tocó el surgimiento de Prusia.  A nosotros nos toca la Merkel; pero yo no soy tan escéptico como él. Pienso que la voz de Dionisio es lo suficientemente potente como para poder acallar al oráculo de Delfos y que el mito del eterno retorno es un mito. Me gustaría que los que sientan a las mesas para hablar del gobierno lo tuvieran en cuenta.