sábado, 6 de agosto de 2016

El 18 brumario de Luis Bonaparte


Mientras PSOE y Podemos reniegan de Marx, encuentro una lectura del  pestiferado  que me ayuda a comprender la actualidad política No temas, no voy a filosofar.
La obra fue escrita  entre  diciembre de 1851 y marzo de 1852: Pincha si quieres consultar 
En la primera fecha el primer presidente de la II República francesa  elegido por sufragio universal dio el golpe de Estado del 4 de diciembre, amparándose  en la defensa de la democracia frente a un poder parlamentario  que quiere imponer el sufragio censitario. La medida fue legitimada por un plebiscito en que el presidente golpista obtuvo amplia mayoría. Fue la primera piedra para crear el II Imperio.
El  14 de enero de 1852 Francia adoptó una nueva Constitución que aumenta los poderes del presidente, disminuye los parlamentarios, divididos en tres cámaras: Asamblea, Senado  y Consejo de Estado, aumenta el mandato presidencial de 4 a 10 años, y permite nuevos mandatos. Estos requisitos eran  la garantía establecida en la Constitución derogada para evitar abusos del presidente.
El 2 de diciembre de 1852 fue proclamado el II Imperio francés, que también se legitimó por plebiscito a sufragio universal. Para entonces Marx había publicado su obra en la revista Die Revolution, Nueva York, 1852.
¿Cómo explica Marx que los franceses que han conquistado la II República con tanto sudor, sangre y sueño de otro mundo posible votaran a Luis Napoleón Bonaparte, el rey del populismo?
Lo explico en 4 frases del capítulo I:
1)    Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado
2)    “La revolución social del siglo XIX no puede sacar sus sueños  del pasado sino solamente del porvenir”
3)     Hoy, la sociedad parece haber retrocedido más allá de su punto de partida; en realidad, lo que ocurre es que tiene que empezar por crearse el punto de partida revolucionario, la situación, las relaciones, las condiciones, sin las cuales no adquiere un carácter serio la revolución moderna.
4)    Durante las jornadas de junio, todas las clases y todos los partidos se habían unido en un partido del orden frente a la clase proletaria, como partido de la anarquía, del socialismo, del comunismo. Habían «salvado» a la sociedad de «los enemigos de la sociedad». Habían dado a su ejército como santo y seña los tópicos de la vieja sociedad: «Propiedad, familia, religión y orden», y gritado a la cruzada contrarrevolucionaria: «¡Bajo este signo vencerás!» Desde este instante, tan pronto como uno cualquiera de los numerosos partidos que se habían agrupado bajo aquel signo contra los insurrectos de junio, intenta situarse en el palenque revolucionario en su propio interés de clase, sucumbe al grito de «¡Propiedad, familia, religión y orden!» La sociedad es salvada cuantas veces se va restringiendo el círculo de sus dominadores y un interés más exclusivo se impone al más amplio. Toda reivindicación, aun de la más elemental reforma financiera burguesa, del liberalismo más vulgar, del más formal republicanismo, de la más trivial democracia, es castigada en el acto como un «atentado contra la sociedad» y estigmatizada como «socialismo»