martes, 6 de junio de 2017

Nuestra cita cotidiana

Mr. Hyde y yo

Villaviciosa, 5 de junio
Julen continúa mirando la soledad a través del ventanal. Quien mira encuentra, me digo. Trato de mantener mi mirada en Táchira, llevo ya más de un día sin noticias. Se me hace eterno. Iris es de dos o tres mensajes diarios. Tampoco la veo en twitter.
Acabo de hablar, por teléfono, con su madre. Todo está explicado. Sufren de un corte de electricidad.
Mr. Hyde sale ufano.  Llevaba demasiado tiempo con la boquita cerrada. No estaba invitado a la “merienda”.
-         No pareces enterado que Iris vive en Palo Gordo

Lo sé. Difícil olvidar a la “Grilla”  No respondo.
-         Mal empezamos. Se ha roto el relato en dúo. ¿No?
Se hace muchas ilusiones mi amigo “del alma”.
Imagino la estocada que recibió la madre de Iris  cuando su marido le anunció que su docencia no había servido para que Iris fuera admitida en La Aplicación. Además no soportaba que se utilizara para la niña  el nombre de un ortóptero que hubiera querido erradicar del planeta. Lo intentó en la educación de su hija  a quien había machacado con la moraleja “La cigarra y la hormiga”. Como si hubiera querido purificarla con agua bendita.
Esta vez Mr. Hide no ha podido conmigo. Iris está en esta cita. Nuestra relación y proyectos no pueden depender del suministro de energía eléctrica o de caídas de Wifi de una de las partes. Para eso formamos un equipo y conocíamos las circunstancias en Táchira cuando asumíamos el compromiso de la cita cotidiana. Aquí estamos.
Nuestra  complicidad es tal que puedo continuar el relato de los sucesos tras el rechazo en La Aplicación.
Por lo que conozco de la mamá puedo deducir la estocada que sintió la “maestra”. Iris reconoce en su relato que tenía tanto miedo de este escenario que rompió en llanto ante el anuncio del cura. Esperaba, sin duda, que se hubiera  producido un error en la redacción de la lista de admitidas.
Es curioso que haga referencia a este miedo y que no nos cuente lo que sentía ella misma. Con respecto al padre, queda muy clara la victoria. El hombre descrito no era amante de la institución que rechazaba a su hija y tras  la rabia porque se cometiera el atropello, parece más bien que expresaba  gozo.
Iris tendrá que explicar lo que sintió ella. Lo de la madre, como indicaba, es previsible en el relato y yo diría que fue entonces cuando la misma se resignó a que una alumna a la que había dedicado tantos esfuerzos creciera como un insecto que había tratado, sin éxito,  de fumigar.
No me parece decente que la primera vez que doy voz a Iris sea más extenso. Entre nosotros hay mucho respeto y no quiero entrar en “arenas movedizas”.
Aquí estamos. El corte de suministro eléctrico no ha podido impedirlo.

Villaviciosa 6 de junio
Pues no. Me he equivocado una vez más. Al abrir mi correo he encontrado el relato de Iris. Esta mujer es como los reporteros de guerra. No falla a la cita.
Yo estaba a punto de enviar este relato cuando he decidido abrir mi buzón. He encontrado el relato de Iris. Después de pensar un rato, he decidido poner el mío y mañana pondré el de ella.