Radio de los 60s

viernes, 19 de enero de 2018

Nuestra cita cotidiana

La fiesta

Apartamento de Angelita. La misma fecha
Nada que ver con el lugar o las personas que conocíamos.
Los 30 m2 de la vivienda parecen más. Desde luego, hay espacio holgado para los 10 invitados conseguidos  “sobre la marcha”.
Angelita había encontrado su “hada madrina” en Ensio y el último su Cenicienta.
––Te sobra pescado
––Y más. Chano  viene a veces a echar un polvo. Me paga con pescado…
––Pues ya está. Tenemos que comprar ron, coca-cola, refrescos, vasos y platos de tirar, servilletas… ¿Hay algo abierto?
––En la misma esquina. Deja el carro. Empecemos por los bueyes…
–– ¿Qué bueyes?
–– ¿A quién vamos a invitar?
––Eso luego. Lo primero es saber con qué contamos.
La mirada de Ensio se concentra en el espacio. Ahora, como mucho, cabrían dos más. Pero…
––Échame una mano para quitar la cama, porfa.
–– ¿Dónde la ponemos?, ¿en el techo? ––Angelita estalla en una carcajada retenida años.
–– ¿Qué te hace reír?
––Una colega me contó un chiste hace tiempo. Ahora le veo la gracia. Escucha la historia: un vagón ocupado por una catalana y una española. Ventana al lado de la primera abierta. La segunda pide a la primera que la cierre. La primera no se inmuta, la primera insiste, furiosa. La última dice “Es igual”. Furia y rechazo a los catalanes. Nadie escucha la explicación: “no hay cristal”
Aplausos merecidos y entusiasmo.
––No contaba yo con eso.
–– ¿Con qué?
––A eso se le puede dar mucha marcha ¡Sós  mejor que el humorista Eugenio!
––Me encanta ese humor sobrio y punzante.
––Vos concentrás más. Pero bueno… ¿dónde colocar la cama? Pues en esa terraza de la que solamente se ve el patio inmundo. Un minuto: tenemos que colocar todo lo que sobra.
––No cabe.
––Si no hay cristal hay que conseguirlo.
Encontraron espacio para colocar estorbos.
––Hay que dar marcha a esto. Cabemos, al menos una docena…
–– ¿De dónde los vamos a sacar?
––Cuenta mía. ¡Hay que dar marcha a esto!
Ensio se repite cada vez que se dispone a utilizar su barita mágica.  Angelita asiste a su primera “aparición”. El apartamento va ganando espacio y simpatía.
––Hemos de salir de compras y pasar por mi hotel para recoger unas cosas.
Ensio ya tiene su visión. Angelita está poseída. Siquiera sabe por quién. Es la primera vez que no se hace preguntas. Sigue como un corderito. Toma una iniciativa. Eso sí, coge el carro de la compra. Un acierto, su “hada madrina” no parece ser consciente del mundanal ruido.
Se equivoca. El cochambroso aparato pone en evidencia realidades.
––Verás… te doy tres talegos para que hagas la compra. ¿No tienes otra ropa?
––Mira en el armario si quieres, pero...
La resignación topa con la admiración
–– ¿Y esto?
­Retales que he  ido reuniendo. Buenos tejidos que no dan para nada…
No terminó a frase la pobre mujer. ..
–– ¿Tienes máquina de coser?
Preguntó él mientras sonreía de satisfacción al comprobar que su visión cuadraba. No se derrumbó al escuchar la respuesta negativa.
–– ¡Lo tengo! ¡Serás una princesa! Ya sabes las compras que tienes que hacer. Tengo para veinte minutos: recoger unas cosas en mi hotel y pasar por la tienda de mi indio. Te sobra tiempo.
Todo el mundo tiene su tienda de indio en Las Palmas y Ensio deja ver su buen gusto y recursos estéticos, pero, Angelita teme que ella y su apartamento necesitan mucho más para entrar en cuentos de hadas.
Bueno… ¿Y qué? ¡Tampoco antes de su visita a la delegación de Trabajo hubiera podido soñar con lo que estaba viviendo!


jueves, 18 de enero de 2018

Nuestra cita cotidiana

El almuerzo sin siesta.
Apartamento de Angelita, la misma fecha
Tomaban cerveza con soberano. Habían caído cincobotellas desde que se fuera el fiel marido. Al principio fue éste el tema de conversación, se preguntaron si era de los que follan durante la siesta. Concluyeron que tenía pinta. Hicieron unas risas y hablaron del poderoso que buscaba chaperos en el urinario cercano. Cuestión de  rutina, puesto que sabían perfectamente que no eran asno para esas mieles.
Disimulo. La historia que les había juntado era un lastre que no podían tirar por la borda, de momento. Una y otro lo sabían. Resignarse es otra cosa y el disimulo tomó otros rumbos.
––Supongo que no has almorzado, tengo un pescado exquisito y ya no me cabe en la nevera. Vivo cerca de aquí.
Es ella. No se había atrevido a proponerlo antes;  siente vergüenza del apartamento en que ha caído.
–– ¡Divino!
Dijo él sin esforzarse. Continuó esperanzado:
–– ¿Podrías encontrarme algo así? Acabo de llegar y estoy en un hotel hasta que encuentre algo así, en la playa de las Canteras, cerca de Parque de Santa Catalina, a dos pasos  de El Trebol, la joya del mariconeo… ¿Te imaginas lo fácil que me será traerme los ligues a casa?
––La playa está ahí, pero solamente veo el cochambroso patio ¡Nunca había caído tan bajo!
––Esto lo arreglo yo y a la noche damos una fiesta…
–– ¿Qué dices? No tengo yo el chocho “pa ruidos”. La mirada triste se ilumina un poco.
–– ¿Tenés algo preparado?
–– ¡Claro!
Dicho y hecho. Angelita saca de la nevera la merluza a la portuguesa que había dejado preparada para su cena. Ella ya había almorzado, pero la jornada laboral de Ensio termina a las tres y su madre siempre repite que no es bueno beber con el estómago vacío.
––Una joya gastronómica ––Dijo tras dejar el plato límpio.
––Era cocinera cuando me arrestaron.
–– ¿Te violaron?
––No. No me encontraron apetecible. Fue después cuando empecé a arreglarme y buenos duros he ganado. He tenido noches de sacarme veinte  “talegos”
––¡Veinte mil pesetas por noche!. Ya ves, yo gano 120.000 al mes y me siento afortunado.
––No era de las que más ganaba…Ya no me cogen en ningún club desde que empecé con las hemorragias. Me queda algún apaño y saco para pagarme esta mierda, pero no puedo mandar nada a mi madre y la muy sinvergüenza me amenaza con volver a denunciarme. Tampoco puedo pagar a la familia que cuida a mi pequeña. Cuando ganaba me trataban como a una reina, ahora…
––Ahora sós una reina
Ensio se acaricia sus cuidados bigotes antes de disparar.
–– ¿Por qué te pide el juez el contrato de trabajo?
El matrimonio de la hija de los cuidadores no ha dado aún fruto. Se han encaprichado con mi niña. La reclaman con el argumento de que la cuidan desde que nació. Es cierto. En cuanto me recuperé del parto tuve que retomar el trabajo. Estaba sin un duro y quería que mi niña estuviera bien cuidada. Me parecían buena gente y pagué bien hasta que…
No llora, no, pero Ensio  ofrece un pañuelo de fina batista.
––Para chulos nosotros. Saca esa lagrimita, te hará bien… ¿Cómo te quedaste embarazada, con tu experiencia?
––Quería tener un hijo de Chano
–– ¿Te dejó?
––Lo hice yo. Dejemos el tema…Me había hecho demasiadas ilusiones ante un primer amor en la vejez. Mi padrastro empezó a violarme a los once. Después era ya quien le buscaba: quería vengarme de mi madre…Los otros vinieron por, como dicen, “el uso conyugal”. Me casaron antes de que se notara el embarazo. Nadie me preguntó, el se bebió en una semana lo que le pagaron.
Silencio. Abrazo de dos seres que se encuentran en un universo perdido. Después un pasodoble. Eran las ocho y Ensio es de ideas fijas.

––Tenemos que preparar la fiesta.

miércoles, 17 de enero de 2018

Nuestra cita cotidiana

Lolita Pluma
Bar Río, Parque de Santa Catalina, Las Palmas de Gran Canaria. El mismo día, 15: 30.

Angelita no aguanta el acoso de Lolita Pluma, la diva de la postmodernidad.
Es una vieja que viste túnicas y se cubre de peines y peinetas. Va de mesa en mesa,  cargada de flores de papel, abalorios  y comida para sus gatos; todos los de los alrededores. Proclama regalar sonrisas, claro que con su estrafalario maquillaje…
Hay rechazo entre las dos mujeres y la diosa pellizca, mientras sonríe para la galería. Hasta los gatos intentan arañar los muslos de la enemiga de la banda.
–– ¡Ya está bien!
Es una Angelita que quiere evitar el sollozo y la desesperación. Dispone de una semana para mostrar un contrato de trabajo con salario suficiente para mantener a su hija menor. Y  quiere recuperarla. Tiene tres añitos la criatura.
Llegan Ensio y Juan. El primero se ha arreglado, pese a que ya estaba impecable en el trabajo. Ahora saca más pluma. Lolita se siente provocada.
––Ahora llegan los “finolis”: una puta barata, una maricona más fina que te cagas. ¿Qué haces tú con esta gentuza?
Se dirige a un Juan  que no encaja.
­Una cita
Balbucea. No sabe y tiene que contestar. Conocía la reputación del Rio. No se esperaba esto.
–– ¡Los chaperos allí!
Lolita no es mala gente y tiene “predicamento” y decorado. Abre sus alas; desmesuradas mangas, hoy azules, para mostrar los váteres públicos masculinos que están enfrente.
Las miradas encuentran a un conocido político en faena y este es de los que recibe cariño de la diva. Los de la cita se libran.
––Tengo que irme ya, mi esposa me espera para almorzar. Necesito saber qué es eso de busca, rebeldía…
Juan se arrepiente de haber aceptado la invitación de Ensio. Pero…tiene miedo de las consecuencias que pudiera tener su perjurio. Se nota.
––Hace ya muchos años de eso. Si no me han pillado ya no lo harán. Lo sé de buena tinta…
Juan interrumpe a la fugitiva.
–– ¿Causa de  la orden?
––Abandono del hogar conyugal. Mis hijos tenían hambre y no había con qué saciarla. Los dejé a cargo de mi madre, encontré trabajo como interna en una familia acomodada y di de comer a todos. Solamente libraba los domingos por la tarde, no me daba tiempo de ir a mi pueblo. Mi marido me denunció y
­ ¿No estaba contento?
––Prohibí a mi madre darle nada para sus vicios.
Las respuestas disipaban el malestar. El que se iba a ir se sentó.
–– ¿Una birra?
––tropical
––Yo prefiero una dorada.
No es de extrañar que Ensio cayera mal a Lolita; toma la cerveza de los “chicharreros”. En Gran Canaria se bebe  la tropical. Hay pugna entre las islas “mayores”. Los que acaban de llegar lo ignoran y también que los ánimos están caldeados por los conflictos universitarios.
–– ¿Por qué piensa que han dejado de buscarla?
Juan  tiene prisa, pero la “dama” ha despertado su interés.
––Tengo una amiga que está liada con un policía.
Respuesta aparentemente poco satisfactoria, pero clara para el grupo. En el Archipiélago hay miles de personas “en busca y captura”. El océano es muy grande…, al “testigo” le queda una duda. La interrogada lo capta al vuelo…
––Era muy fácil encontrarme en la casa donde servía. Así pasó y fui detenida. Ahora sería difícil imaginar que alguien se horrorizara ante semejante delito “abandono de hogar conyugal”, especialmente cuando los señores se encargaban de enviar el sueldo a mi madre; así me salía gratis. El arresto me salió muy caro. Fui despedida por la lógica de que no podían acoger delincuentes bajo  su techo. Yo dormía en el desván… bueno…
–– ¿Por qué sigue en busca y captura si fue detenida?
––Me soltaron porque juré enmendarme
––Y se vino a Las Palmas… ¿Por qué?
–– ¿Me quedaba algo más que el puterío?
––Bueno….
Las miradas de sus acompañantes enmudecen a Juan. La implicada deja claro que sabe tratar a sus clientes.
­Te fichan. Pedían certificado de penales para cualquier cosa y en cualquier caso, estás marcada. Busqué, como ahora, cualquier tipo de trabajo y mis hijos pasaron hambre hasta que me hice puta.
Parece que ya todo está claro, pero queda una pregunta.
–– ¿Por qué Canarias?
––Un juez cliente me dijo…
––…El océano es inmenso
Saltan, al unísono sus compañeros de mesa. Se arrepienten ante la contundencia de la respuesta.
––También tenía una amiga que se había venido, y flipaba. Aquí no soy una mujer marcada, hay trabajo seguro, siempre quedan las plataneras de La Palma… La cuestión era reunir pasta para el pasaje, me costó unos meses…
Vuelve a ser interrumpida por el marido que tiene prisa para almorzar con su señora:
–– ¿Por qué le pusieron otra orden de busca y captura?
––Porque los primeros meses de Las Palmas no pude enviar dinero. Esta vez mi madre también era denunciante.

Juan se queda con la miel en los labios pero está felizmente casado- 

martes, 16 de enero de 2018

Nuestra cita cotidiana

Aún no tiene título. Primer borrador, como prometido.
Angelita

Delegación del ministerio de Trabajo de Las Palmas, 10 de octubre de 1986

––Busco trabajo, de lo que sea
––Rellene estos impresos.
Angelita llevaba un buen rato esperando su turno. Ensio había captado angustia mayor, si cabe, en unos ojos secos y cansados.
––Verá…
La peticionaria lucha para recuperar una voz sepultada en los requisitos de los formularios. La emoción del funcionario libera unas entrañas que no han encontrado sino muros.
––Estoy en busca, captura y rebeldía.
–– ¿Por qué?
­Mi marido  no traía a casa otra cosa que borracheras y mala ostia. Me pegaba porque no quedaba nada para él. Tenía que apañarme para alimentar y cuidar a nuestros cinco hijos… bueno, cuatro; el primero no era suyo.
Ensio ya imagina el resto. Escribe, con mucho cuidado, una nota que pone en la mano de la desgraciada: “No cuente más. Aquí hay oídos. 15, 15 en el Rio”
Angelita comprende. El lugar de la cita queda cerca de su apartamento. Al fin alguien está dispuesto a escucharla.
No ha sido inútil su recurso a la delegación del ministerio  de Trabajo de Las Palmas.
Era el primer día de trabajo de Ensio. Se sabía controlado.
––Verá… Puede usted rellenarlos cuando mejor le venga. En cuanto los traiga le daremos curso. Para eso estamos, para ayudar a encontrar trabajo. Ruego se retire y deje que avance la cola.
Inútil esfuerzo. Las paredes oyen y un jefe que ha mostrado hostilidad desde la presentación sabe utilizar esos recursos para deshacerse del intruso. Hace llamar a éste de inmediato.
-Don Antonio dice que quiere verte, inmediatamente, en su despacho.
Es Juan, el “recadero”  Un buen hombre, el único que recibió con amabilidad al trasladado. Él también provenía del extinto ministerio secretariado del Movimiento Nacional Eran dos pequeños funcionarios.
La simpatía mutua no había surgido, precisamente de una “comunión” con su antiguo empleo o con el actual. Eran dos marginados…
­Pero… hay gente esperando en la cola…
Se atrevió a insinuar el nuevo.
––Mejor que vayas ahora. Está furioso…
Ensio se encaminó al “matadero”
––Ha dejado que se vaya, tan ancha, ignorando que está perseguida…
E poder da mucha seguridad y la condición de subalterno fragiliza.
––No comprendo, lo siento_Una forma de ganar tiempo.
–– ¡Un funcionario está obligado a dar caza a los prófugos! –– Sentencia la voz de la razón de Estado.
–– ¿Esa pobre mujer una prófuga? ––Es un primer intento.
––Así lo ha afirmado ella misma…
––No sabe lo que dice…
Ensio Observa y ve que necesita pruebas.
–– ¿No se lo ha comentado Juan? ––El peligro hace cometer imprudencias.
–– ¿Qué? ¿Por qué?
Él fue quien me comentó que esa mujer está loca
El osado conocía el protocolo, aludía a un subalterno  como él. Nadie les pregunta opiniones.

La táctica funciona. No es un miagro. E testigo afirma. No sabe nada de esa mujer. Es la primera vez que la ha visto, pero toma la opción que le dicta el entuerto en que se encuentra este pobre hombre tan altamente rechazado por tod@s a los que odia.