jueves, 7 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

Lizy
 
Villaviciosa, 7 de septiembre, 9:25 h.
 
Ayer me vino a la mente la princesa rumana y todo se lió.  Había tres Isabeles en mi entorno: mi huésped sin fecha de caducidad, la Villalobos y la Campo Viejo. La cuarta era ya mucho y además, me llevaba a una conversación que tuvimos en París, a finales de los sesenta, sobre los zíngaros en Moldavia, parte del principado de su padre.
Quería centrarme en la última, pero las otras no me dejaban. Mi invitada tiene mucho que contar y compartimos trabajo y la lectura de  un maravilloso relato de la Villalobos. No pensaba que lo lograra cuando me contó el proyecto en Literania: un manuscrito donde mezcla el catalán con el castellano, una publicación artesana que derrocha humanidad.
¿Cómo centrarme en los zíngaros de Moldavia cuando a la Campoviejo, que pasa semanas sin telefonear, le vino la urgencia de hablar conmigo y, según ella, no respondí a su llamada a las dos de la tarde, lo que provocó su inquietud. Eso me dijo en la llamada que recibí a las siete de la tarde, en el primer hueco que le permitió su trabajo.
A las dos, mi huésped, Julen y yo estábamos en la terraza del Café de Vicente. Degustábamos; ella huevo y chorizo casero, Julen la tapa que siempre preparan para él en la cocina y yo mi zumo de naranja con limón. No había bulla y tengo subido el volumen de las llamadas. Difícil no oírlas. La Campo Viejo sabe que tengo un huésped.
Por la noche, mi huésped decidió celebrar nuestro cumpleaños del 2017; ambos nacimos el 21 de abril, decidimos celebrarlo juntos hasta que la muerte nos separe.
Nos faltaba Iris. Isabel descubrió que mi Whatsapp no funcionaba porque estaba desconectado de la red. Pudimos comunicarnos con ella. Ya éramos cuatro, con Julen incluido en la fiesta y teníamos la obra de la Villalobos en el centro de la mesa. Faltaba la Campo Viejo, que prometió llamar cuando cerrara la sucursal que dirige.
No había olvidado a Lizy y a los zíngaros de Moldavia, no. La historia que me contó aquel día está gravada en mis sentimientos. Las acusaciones de Ana dirigidas a Ismael y María reclaman a la princesa.
El padre de Lizy era príncipe de Moldavia. Se han encontrado documentos que acreditan la presencia de zíngaros eslavos a principios del siglo XV, desde entonces hay documentos que mencionan abiertamente compraventas por parte de los príncipes, monasterios, etc.
El territorio ha pasado por las manos de varios poderes: el imperio ruso (1812/1818), Rumanía (1818/1940, 1941/1944). Una parte del territorio fue República Socialista Soviética Moldava (1940/41 y a partir de 1944). Recuerdo que la historia me fue contada en los 60.
Cada cambio de soberanía produjo grandes desplazamientos de población. Los esclavos las sufrieron en sus carnes.
El zar trató de sedentarizar a estas poblaciones y de suprimir la etiqueta de esclavos, aunque eran siervos del príncipe, de particulares o del Estado.
El padre de Lizy defendía no solamente la liberación, sino la integración de los zíngaros. Era parlamentario, partidario de la expropiación de los latifundios, incluso se trajo a Rumanía la herencia de su esposa, para que el Estado dispusiera de medios para practicar políticas de integración de la ciudanía marginada.
Fue una voz que clamaba en la aridez del desierto. La Rumanía socialista se olvidó de los zíngaros, claro que no eran esclavos o siervos, pero no se hicieron más allá que unos gestos para integrar a una población marginada, con mayor fecundidad que los compatriotas adaptados al régimen.
No me ha sido evocada solamente por el nombre de mi huésped. También me la ha traído a la mente la llamada telefónica de la Campo Viejo. Sabe que la otra Isabel está aquí y que la estancia no tiene fecha de caducidad. Ha mostrado su malestar porque no había respondido a su llamada de las dos de la tarde.
La Isabel se deleitaba con el huevo de una de las gallinas que corren por el corral y el chorizo de uno de los “gochos” de Vicente con “patatinas” fritas; Julen con la tapa que se le prepara como cortesía mientras yo me tomaba mi zumo de naranja con limón. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

Ismael
Villaviciosa, 5 de septiembre, 12:15 h.

No me gusta comprar en Mercadona. Lo tengo al lado y puedo dejar a Julen en el césped. Esta mañana tenía que comprar leche para el desayuno. Felizmente que estaba Ismael a la puerta. Hoy había otros perros y el mío es agresivo. Me lo cuida.
–Que Dios se lo pague.
Siempre que tengo monedas le doy, tanto a él como a su mujer, que se pone a la puerta de otro supermercado, justo a la vuelta, Alimerca. Ya he conseguido que ella, María, me tutee. Ismael es más duro de pelar, pese a que nos vemos cada vez que entro o salgo de mi edificio. Es muy reservado y religioso.
–Hace tiempo que no veo a tu mujer.
–No está bien.
–¿Continúa con dolores musculares?
–Sí, además ahora tiene una muela infectada… Lleva más de un mes con antibióticos…
No sé qué decir.
–Dios proveerá
Lo dice convencido. Me contó hace un tiempo que pertenecen a la iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. María es más discreta en eso. Nunca habla de religión. Sí me informa de su familia. Son gitanos rumanos. Viven en una casita, entre humedales, cerca de Pola de Siero. Tienen seis hijos. La mayor, de dieciséis años, está casada con un payo y vive con la familia de su marido. Tienen “papeles”. No he preguntado cómo los han conseguido.
–Tengo algo para usted. –Busca un buen rato en sus bolsillos. Es una piedra de rio limpia y brillante–. Hace ya semanas que María me la dio para que se la entregara.
He recordado que en una ocasión hablamos ella y yo de nuestro gusto mutuo por las piedras. María me contó que lo malo de su casa era lo alejada que quedaba de la parada del autobús. Lo bueno, un agua que gustaba a agua y las piedras modeladas por la corriente. Comenté que recogía piedras en cada sitio que visitaba.
–Tienes que tener una del mío –me dijo–. Así nos visitarás una noche… Por el día ya sabes dónde estamos.
Hace una eternidad que tuvimos esa conversación. La recuerdo muy bien. Desde entonces no he vuelto a ver a María. Ya se quejaba de dolores en sus articulaciones, y la humedad no es buena para los huesos.
–¿Cuánto tardas en llegar desde la parada del autobús? –pregunté.
–Veinte, veinticinco minutos. Lo malo son los caminos escarpados.
–¿No hay paso para vehículos?
–No. Por eso podemos pagárnosla.
María sonreía, como si tuviera que dar gracias a Dios.
–¿Por qué venís a Villaviciosa?–Me atreví a preguntar.
–No queremos perjudicar a nuestra hija. Bastantes problemas tiene la pobre.
–¿No habéis podido conseguir una vivienda social?
Me miró con la extrañeza de quien descubre que estoy en “la luna”. Respondió su agradecimiento:
Nuestros hijos son buenos estudiantes y consiguen becas. La mayor habría podido hacer una buena carrera si no se hubiera quedado preñada…
Esos eran mis recuerdos cuando acariciaba la piedra. No sé de dónde me ha surgido la idea.
–¿Puedes explicarme cómo llegar a vuestra casa?
Se explica muy bien Ismael y ha comprendido muy bien mi arrebato. Lo había, hasta el punto que he decidido desayunar en la cafetería de la estación de autobuses a la espera del primero que salga para Pola de Siero.
Me ha costado llegar. Tenía buenas indicaciones pero no estoy acostumbrado a andar entre zarzales. Esta gente vive en un diminuto cuarto de aperos, eso sí. Bien arreglado. El rio fluye a pocos metros y para llegar hay que sortear charcos.
–No te esperaba, cariño –Es todo lo que la emoción ha dejado decir a María–. Estoy preparando sopa de ajo. Sé que te gusta. –Habíamos hablado del tema.
Hemos saboreado el guiso y no mucho más. Hoy le toca a Ana, mi nueva señora de la limpieza y hay que disimular mi desorden. Esta noche llega Isabel, no la Campo Viejo a la que he hecho mención antes.
En Villaviciosa se sabe casi todo. Ana Sabía que he estado un rato hablando con Ismael.
–Ojo con tu ingenuidad. Esa gente tiene coche de alta gama. Hacen el paripé de coger el autobús y los recogen a su llegada a La Pola.
–¿Cómo lo sabes?
–Porque lo he visto con mis propios ojos.

Ya, las mafias rumanas.

martes, 5 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

La Viki y el honor de l@s gitan@s


Villaviciosa, cuatro de septiembre, 18h, 31


Lola me dejó sin palabras. Su cantinela racista es de sobra conocida. Me extrañó en ella y me preocupó al recordarme que hay bloques en los bloques y la eficacia de  la rumorología y de la Santa Inquisición. Mi silencio se debía a Viki. Estaba decidiéndome  a usar mi viejo coche después de un año sin conducir,  y a meterme en una historia inventada por mí e interpretada por Lola.
El caso es que esta mañana, a las 10h 30 he encontrado a Viki. Oles es pequeño, está habitado por artistas, artesan@s y por privilegiad@s. No se ve riqueza. Se siente humanidad. Todo el mundo conoce a Viki. He aparcado el coche cerca de la higuera. He cogido provisiones para el camino. Estaba con la boca llena cuando una voz me ha invitado a entrar. Las puertas están abiertas y no me ha dado tiempo a tragar el último higo. Todo  sobrio y minimalista. Me he sentido  cómodo y muy bien acogido por una trabajadora que no ha sido excluida del “Paraíso Terrenal”. Me ha pasado  el porro. Así han sido conversación y situación.
-          No te incomodes por mi trabajo. Ahí tienes mi sillón preferido. Mira si ves algo que te apetezca en la nevera. Aquí hay infusión  de flores y plantas que recojo y seco–Señala una mesita sobre la que hay tetera y dos tazas_ Lola me llamó anoche. Te esperaba antes…
La hierba que estaba  fumando es como la de entonces y así ocurrió con el viaje. Mi interlocutora capta y da buen rollo.
-      -    La siembro yo y sé lo que fumo y lo que comparto. No es tu caso. Lo sé.
¿Es miedo? ¿Son ganas de saber más? : no estoy realmente tranquilo. Su cara de satisfacción me dice que está logrando esculpir y respetar la piedra. ¿Cómo pensar que alguien así pudiera entrar en los juegos de Lola?
-No parece que me reconoces- ha dicho como si quisiera echar más petróleo al fuego. No es eso. Me echa un capote- Nos conocimos en La Torre. En aquella época yo vendía los pollos que criaba  sueltos y que preparaba  en mi cocina de leña. Estábamos en la barra vosotros –se refiere a Julen y a mí-, Lola y el tipo que te quiso partir la cara.
Lo recordé. Tuvimos una conversación muy agradable hasta que el tipo en cuestión se puso borde y tuvo que intervenir Chiri. Me fui con “el rabo entre las piernas”… Me había quedado en eso.
-          Te contaba mi proyecto de supervivencia. Me diste todos los parabienes. Te di una tarjeta. Prometiste que cuando tuvieras invitad@s o fueras invitado, me llamarías…
Me preparaba a escuchar más reproches a medida que Viki y la agradable conversación que tuvimos surgían de las tinieblas.
-          Perdí la tarjeta.
-          Y el recuerdo. Como era bonito, teníamos que volvernos a encontrar. No te preocupes por la tarjeta. Lo dejé. Había calculado muy mal. Alimentar un pollo durante seis meses y cocinarlo son horas y dineros. ¿A cuánto  crees que me salía la hora? Recuerda que los ofrecía por sesenta euros. Añado que solamente tuve dos pedidos... No es ese el tema pendiente.
No veía a dónde quería ir a parar.
-          Me contaste que querías hacer lo que quería el niño perdido. Te respondí que mi niña perdida quería ser maestra. No pude. Que buscaba lo que quiero ser y que lo hacía en lo que te estaba contando.
-          Había algo más – No sabía muy bien de dónde sacaba las palabras. Sentía la seguridad- Hablaste de algo que me impactó más.
Desde luego yo no veía ese algo. Simplemente tenía la certeza. No veía ayuda inmediata en la búsqueda de su mirada. De pronto escuché mi voz, que, desde luego, no venía de mí.
-          ¿Qué te ha dicho Lola?
-          Que me buscabas.
-          ¿Por qué?
-          Bueno, a mí también me apetecía retomar aquella conversación…
-          ¿Hablamos de “carretas”?
-          No sé. Desde luego soy itinerante. Ahora soy feliz. Hago lo que me gusta y voy de feria en feria. El azabache estaba en mi cuna. En el jardín tengo una cantera que no agotaría en cien años. Los pollos me ataban.
-          ¿Hablamos de los gitanos?
-          No sé… Lo que pienso es que les hemos quitado sus espacios y que les hemos encerrado en bloques. Quizá habláramos de eso. Lo que si te digo es que fue una conversación muy agradable.
-          Nunca has sido maestra y Lola afirma que lo fuiste.
-          Tengo una muy buena amiga que lo es y que ya no puede más. Quizá te hablara de ella y Lola interpretó que hablaba de mí.
Empezaba a comprender. Viki proyectaba en la amarga experiencia de su amiga maestra y Lola podía interpretar que hablaba de sí misma. Así surgen los rumores. Luego serán manipulados por los poderes. No me daba cuenta de que estaba poniendo voz.
-          Supongo que no has venido a hablar de Lola. Me pareció en aquella conversación que te quedaba claro que no me gustas los chismes.
Sabía a lo que se refería. La familia de Lola tiene muy mala reputación.
-          Yo me divierto con ella. Cuenta sus amoríos y se ríe de la mala reputación. No es de eso de lo que quiero hablar. Lola me ha traído y ha hecho posible que continuemos aquella conversación.
-          ¿Satisfecho?
-          Si. Ahora tengo que irme. Me llama mi compromiso de escritura. Volveré
-          Guarda la tarjeta. Ya sabes, soy feriante.

Así he encontrado a Viki, el personaje que creía haber inventado. No volveré a perder la tarjeta.

lunes, 4 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

En busca de Viki


Villaviciosa, tres de septiembre, 18,48


¿Cómo voy a encontrar un personaje que he inventado? ¿Para que buscarla?
Conocí a Lola hace un montón de años. Ambos frecuentábamos la sidrería La Torre, nuestro cuartel en mis primeros años de Villaviciosa. Formábamos un pequeño grupo. Ella comparte bloque con el que llamamos Marco. Chiri dejó el local y el nuevo dueño no dejaba entrar a Julen. Perdí al grupo.
Lola trapichea con adivinaciones y hechizos. Cobra veinticinco la sesión. Acudí una vez a sus servicios. Más bien un pretexto para verla, pese a la insistencia de Isabel para que aprovechara los dones de mi vecina.
Isabel es de Cangas y no vive en un bloque. Bien poco tiene que ver en esta historia. Ha entrado  por el morro, cuando he comentado mi búsqueda para acortar una llamada telefónica que consideraba un obstáculo.
-          Deberías acudir a Lola- sentencia.
-          ¡Sería una pérdida de tiempo!- Descarto.
-          Seguro que has perdido su número de teléfono.
Ella lo tiene a mano. Me lo ha dictado y ha concluido la conversación.
-Un beso.
Un beso te voy a dar yo a ti por distraerme… Apenas ha durado unos segundos el resentimiento. Lola ha aceptado recibirme y he entrado en el bloque.
Recibe en su habitación. En el saloncito su padre ve la tele y ni se inmuta cuando pasamos.
-          Quieres encontrar a Viky. Es una maestra en la cuarentena, de la Villa, que gusta de carretas y odia los bloques… Vamos a verla. Corta una vez – Me ofrece una baraja española.
He tenido que cortar tres veces y que hacer cuatro montones, el último con las cartas de debajo de cada uno de ellos.
-          Respira hondo mientras tocas las cartas. Vete dándome las que quieras ver. No las mires.
Obedezco. Las va colocando, bocabajo, en círculo. Hace un gesto brusco para que pare en la séptima. La coloca en el centro descubierta. Es la sota de bastos.
-          Veo alguien que quiere crecer pero que no sabe cómo. Ahora vuelve a respirar cada vez más profundo. Ojos cerrados. Desliza tus dedos por todas las cartas hasta que una de ellas te llame.
Me lo tomo en serio; estoy pagando veinticinco euros. Siento la llamada. Entrego la carta y no abro los ojos hasta que Lola no anuncia: “el dos de oros”.
-          Sigue sacando. Toma el tiempo que necesites. Yo ya estoy viendo cosas. Necesito más datos.
Empiezo a aburrirme y a interesarme. Sobre todo siento la relajación de quien ha pasado una tormenta. Ignoraba que podía respirar tan profundamente y que mis dedos podían recibir llamadas. Ofrezco la tercera carta y la veo tras su anuncio: siete de espadas.
-          Viky es luchadora, pero está atrapada y amenaada. Tiene problemas. Nada grave, pura rutina. Ella no lo ve así y su actitud no ayuda- calla un largo minuto que se me ha antojado siglos- Ya no es maestra… Busca mejor otra carta. Esfuérzate.
Lo he hecho. Lola parece buscar conmigo. La carta es el 6 de oros.
Así me ha presentado a Viky: no podía contra un sistema blindado. Luchó hasta darse cuenta de su error. Los trabajos que emprendió no la satisfacían hasta que se instaló en Oles y se dedicó a tallar azabache. Va de feria en feria…
Busca el amuleto. Toma un trozo de azabache en bruto. Lo coloca en una bolsa que cierra con cordeles lo suficientemente largos para hacer girar.
-          Tienes que limpiarte antes de Tocarlo – Lo conserva en sus manos hasta que decide que estoy preparado. Tarda un buen rato. Me pongo nervioso por no saber cómo limpiarme- Deja que el aire te penetre.
Tengo los cordones en mis manos. No tengo tan clara mi purificación. Su voz me tranquiliza.
-          Haz lo que te salga del alma.
-          ¿Del alma?
-          ¿Quieres encontrar a Viky?
¿Quiero? ¿Pará qué?
-          Estaba en las Ramblas cuando el atentado.
Mete morbo la pitonisa. No formulo las preguntas que ella esperaba, pero Lola siempre lleva la voz cantante.
-          Se salvó de puro milagro. Te espera en Oles. Ya es tarde para ir. Mañana…
No es un largo trayecto. Es una aglomeración en torno a las minas, actualmente cerradas, del famoso azabache. Me gusta el lugar y la gente,  y conozco una higuera generosa que ahora tiene su fruto maduro. No iré. Carece de sentido que busque a una Viky que me he inventado.
Mi visita a Lola ha sido útil, sin embargo.
-Odio a los gitanos – me ha soltado sin más mi anfitriona- Abajo vive una familia de degenerados que no me dejan vivir. Él está empeñado en matar a su mujer. Los hijos trapichean. No puedo pegar un ojo.
La Lola da mucho que hablar, pero me impone el silencio.

-Las viviendas sociales deberían estar destinadas a “cristianos viejos” y no a salvajes. Se hacen los amos y nosotros, los payos, no pintamos nada. Cualquier día nos echan para dar vivienda a gitanos e inmigrantes. ¡Menudas pagas les dan! A nosotros nada…

domingo, 3 de septiembre de 2017

Nuestra cita cotidiana

Caminitos II

Villaviciosa, dos de septiembre, 19’31

Habrá un prólogo.




Llámame Marco

Villaviciosa, dos de septiembre, 19’33

Tenía que salir del proceso paranoico que me engullía. Estaba a la deriva y no se me ocurrió nada mejor que comprometerme a compartir en tuiter y en el blog, un capítulo diario de mi nuevo relato.
Había miedo, sí,  y éste se combate con arrojo, que no arrogancia. La embarcación  hace aguas por todas partes. No parece el momento de navegar a la deriva.
Pues ha sido así; lo he hecho.
Pese a las fiestas de Villaviciosa, que duran tres semanas y son mi tormento y su gozo, mi proveedor de “maría” ha venido.
Llamémosle Marco.  Le ha gustado el cuento que él me inspiró y que inserto a continuación.

¿Por qué soy afilador?

Llámame Marco. No es mi nombre. Sé dónde y cómo está mi madre y ésta nunca me ha abandonado. Se busca la vida. Me gustaría que lo tuviera más fácil, pero bueno, siempre me echa una mano.
Sueño con aquél niño feliz que imagino. Nací en una carreta. Costumbres  de  gitanos. En los bloques en los que nos han metido somos asilados y así nos lo hacen sentir. Me dolió de niño. Aún ahora tengo la nostalgia de un sueño que no consigo  dar forma. Se mezcla con cohetes, priva y de lo “otro”. El trapicheo me da muy justo.
Me gusta escribir. Viki, la que intentó ocuparse  de mi docencia, me ayudó a apañarme y me anima cada vez que nos encontramos.
Lleva  nuestra cruz sobre sus espaldas. ¿Qué puede  hacer contra un programa que margina a los marginados?
Viki es paya, pero también sueña con carretas.
-          ¿Por qué no te haces afilador?-  pregunta.
Rompe  mi silencio.
-  Te compro las herramientas y abro la lista de una clientela que te prometo completar pronto, será un buen comienzo.
- Yo quiero escribir la historia que empecé  contigo- Me ha parecido que alguien me daba voz.
- Serás el afilador…
Llámame Marco. Te contaré mi viaje.

 Le gusta mi cuento. Él no ha escrito el suyo, pero su hermano pequeño, aún escolarizado, escribe.
-          Mi padre está esquizofrénico, mi madre tiene que arreglar los destrozos, y me toca hacer un poco de padre… - ha confesado. Tras una larga pausa, ha remachado- Está engordando demasiado de tanto escribir. Prometí ayudarle. No sé hacerlo. Es un niño…
-          Veremos lo que hacer. Ahora tengo compromisos; son las metas que me pongo.  ¿No le dan tratamiento a tu padre?
-          No quiere, dice que le duerme y que no le permite trabajar. Algo hace, pero los rollos que monta caen sobre mi madre. Un día no encontrará solución – calla y engancha.
-          Un vaso de agua, porfa- Veo que la necesita a gritos.
-           ¿No le das a la coca?- Aclara.
-          He probado de todo pero me quedo en la “maría”, espero que no metáis nada.
No ha contestado. Me ha parecido ver una pregunta en su mirada “¿A quién importa eso? Esta gente se mete de todo…
Pues ya estoy en “Caminitos II”: mi aquí y mi ahora. El que conocemos por Marco tiene una historia abrumadora.
Yo me apoyo en mi compromiso  y saco pecho.  Vamos a entrar en la vivencia de los de los bloques que tengo en frente. Es una forma de integrarnos en el “aquí” y el ahora. En todo el globo hay “bloques” y “Bloqueos”. Yo los tengo justo enfrente. Me  “codeaba” con ell@s sin aspavientos. El supuesto Marco me presta su mirada.
La de “Caminitos I” le parece de otra época.
Sí; hay otra época, aunque no nos guste a ninguno de los dos. Ambos somos de carreta y denunciamos los “bloques”.
Caminitos II no irá al “armario de los recuerdos” porque estás tú, la familia del tal Marco, las carretas y los bloques.
Villaviciosa ha estado, casi siempre  presente en mi obra y hace tiempo que empecé “Caminitos”, que pretendía ofrecer una mirada más profunda de la Villa. Abandoné el proyecto por otros y por otras vivencias. No estoy realmente “aquí y ahora”.
Hay algo de huída. Hoy es segunda jornada del festival de gaitas. Excelente iniciativa. Lo que no entiendo es cuando, en la madrugada, esa música acariciadora, es substituida por decibelios que rasgan las nubes y los cerebros.
No logro consensuar una protesta  a presentar en el Ayuntamiento. Todos mis intentos de activar implicación ciudadana han fracasado. Tendré que aprender.
De momento ya he superado un gran foco de mi brote: las tres semanas de fiestas de Villaviciosa han dejado de obsesionarme. 



sábado, 2 de septiembre de 2017

Nuestra nueva cita diaria

Volvemos a la cita cotidiana. Lo he decidido porque tú estás ahí y das fuerzas a mi tambaleo. Llevo unos días en que siento que mi edificio no es sólido, como si fallaran los cimientos. No es así: estás tú.
Mi mecha tiene que alcanzar tu chispa. Lo voy a hacer en una cita diaria. Claro que estás en el relato. Recuerda que en  Catarsis jugaste un papel y que te quedaste.
Ya no será una escritura solitaria, estás en los comentarios, en los marcadores, en el blog y en los comentarios del grupo en twitter.
Me vuelves a sacar de las garras de Mr. Hyde. Escribiré mi nuevo relato porque me comprometo a ofrecerte, cada día, un capítulo de 3 páginas,  y porque mi escritura estará esculpida en los indicadores ya mencionados  de tu aceptación/rechazo.
Gracias, amig@. Me has hecho comprender que no ha muerto el escritor, como pretendía hacerme creer este entrometido Mr. Hyde.
Conocerás el título mañana.

Gracias a l@s 124 que visitasteis ayer: http://carlos-ortizdezarate.blogspot.com.es/
Gracias a Iris: siempre está en: http://carlos-ortizdezarate.blogspot.com.es/
Gracias a l@s 4991 que habéis descargado: https://freeditorial.com/es/books/catarsis
Continuamos puesto 6º

Gracias a l@s 1654 que habéis hecho las 1654 impresiones de mis tuits en las últimas 24 horas.

viernes, 1 de septiembre de 2017

Ya ha sido publicado el artículo

Mis agradecimientos a:

Sería bueno que la jefatura del Estado recordara su papel de arbitraje y aún mejor que la ciudadanía no necesitara tutela.

Gracias a l@s 275 que visitasteis ayer: http://carlos-ortizdezarate.blogspot.com.es/
Gracias a Iris por dar color en: http://carlos-ortizdezarate.blogspot.com.es/
Gracias a l@s 4983 que habéis descargado https://freeditorial.com/es/books/catarsis
Continuamos puesto 6º
Gracias a l@s que habéis hecho las 3614 impresiones de mis tuits en las últimas 24 horas.

Gracias a ti.