El 17 de abril de 1942 el general francés Henri Giraud se
escapó de la fortaleza en la que los alemanes le habían encerrado. Jorge
Alvarez lo presenta muy bien: “Henri Giraud, el general francés que se fugó de
su prisión en las dos guerras mundiales”:
https://www.labrujulaverde.com/2017/06/henri-giraud-el-general-frances-que-se-fugo-de-su-prision-en-las-dos-guerras-mundiales
Henri Honoré Giraud fue una de las
personalidades destacadas de la Francia de la Segunda Guerra Mundial,
hasta el punto no sólo de considerársele entre los padres de la Cuarta
República sino que poco antes había sido copresidente del CFLN (Comité Français
de la Libération Nationale) junto a De Gaulle, quien a la postre logró
postergarle y asumir todo el protagonismo.
Pero la faceta que nos interesa aquí de
Giraud es su extraordinaria habilidad para evadirse de las prisiones alemanas en
las que estuvo recluído.
Llegó entonces la Segunda Guerra Mundial. Siguiendo su ideario
conservador, Giraud se mostró contrario a la participación francesa, un
compromiso adquirido con la invasión alemana de Polonia. También estuvo en
desacuerdo con la táctica planteada por De Gaulle de usar divisiones blindadas
ofensivamente.
Las bajas galas obligaron a fusionar los
restos del Séptimo y el Noveno y se le dio el mandó a él; lo que no sabía es
que el Noveno en realidad ya no existía al haber sido aniquilado. Buscándolo, Giraud cayó prisionero del
general Von Kleist.
Dada su
graduación no le enviaron a un campo sino a Königstein, una
fortaleza habilitada como prisión para mandos, de ahí que fuera popularmente
conocida como la Bastilla de Sajonia.
Las bajas galas obligaron a fusionar los
restos del Séptimo y el Noveno y se le dio el mandó a él; lo que no sabía es
que el Noveno en realidad ya no existía al haber sido aniquilado.
Buscándolo, Giraud
cayó prisionero del general Von Kleist.
Dada su graduación
no le enviaron a un campo sino a Königstein,
una fortaleza habilitada como prisión para mandos, de ahí que fuera
popularmente conocida como la Bastilla
de Sajonia.
Curiosamente, desde su encierro envió
su apoyo al gobierno
del mariscal Pétain, manifestando que, en su opinión, la
derrota se debía a factores extramilitares relacionados con la política de la
Tercera República: democracia, parlamentarismo, sindicalismo y, en suma,
pérdida de autoridad.
Todo ello lo expresó en una carta a sus
hijos que fue ampliamente difundida. Quizá por ello se le concedió la Gran Cruz de la Legión de Honor.
Ahora bien, una cosa era ser profundamente
conservador, e incluso sentir cierta simpatía por el régimen teutón, y otra
permanecer cautivo. A lo largo de dos años, en una inaudita muestra de
tenacidad y paciencia, se dedicó a aprender
alemán, a memorizar
un mapa de la región y a acumular alambres.
Finalmente, el 17 de abril de 1942, contando con la
ayuda de otros compañeros, serró los barrotes de su ventana y se descolgó desde
ella usando el cable formado por los alambres reunidos, de manera que pudo
salvar el precipìcio de cuarenta metros.
Debes pinchar.
El 17 de abril de 1986 se puso fin a la Guerra
de los Trescientos Treinta y Cinco Años. MARCSOLER6 lo presenta muy bien: “La
Guerra de los Trescientos Treinta y Cinco Años”: https://elespiritudedunkerque.wordpress.com/2017/10/24/la-guerra-de-los-trescientos-treinta-y-cinco-anos/
Roy Duncan era Presidente
del Consejo de las Islas Sorlingas, pero también
historiador. Indagando, encontró documentación que confirmaban los hechos, por
lo que escribió una carta a la embajada de los Países Bajos
en Londres para contrastar que el mito era real. Los
miembros de la embajada también se dieron cuenta de la veracidad de la
historia, y concertaron una visita del embajador, Rein
Huydecoper a las islas para visitarlas y, de paso, firmar
oficialmente un tratado de paz, de tal modo que se
pudiese dar carpetazo al asunto. Por tanto, la paz fue declarada el 17 de abril
de 1986, 335 años después de que comenzara la guerra.
Gracias a l@s 1262 que
acudisteis a la cita de ayer: https://carlos-ortizdezarate.blogspot.com/
Gracias a Iris
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