El 2 de abril de 1916 ganó las elecciones, en Argentina,
Hipólito Yrigoyen. Trascarton.com.ar lo explica muy bien: “La elección de
Hipólito Yrigoyen en 1916”: http://trascarton.com.ar/aniversarios/la-eleccion-de-hipolito-yrigoyen-en-1916
“Los comicios del 2 de abril de 1916 han de ser
recordados siempre como la expresión más amplia hasta entonces de la voluntad
nacional convocada para darse sus mandatarios. Era, por otra parte, la primera
vez que bajo el imperio de una ley electoral genuinamente democrática, al
amparo de la más absoluta prescindencia oficial y ante una gran expectativa
cívica, iba a realizarse la magna elección”, afirma Bucich Escobar.
En esas elecciones resultó electo Hipólito
Yrigoyen, el jefe de la Unión Cívica Radical (UCR), que obtuvo 372.810 votos
contra los 154.549 del Partido Conservador, mientras los demócratas
progresistas alcanzaban los 140.443 y los socialistas 56.107. Fueron las primeras
elecciones nacionales realizadas conforme a la ley Sáenz Peña, que le dio al
sufragio universal el carácter de obligatorio y secreto.
El legalismo de los radicales le impidió el
despliegue de las transformaciones que la sociedad y el Estado necesitaban: cuando
Yrigoyen dejó la presidencia en 1922, el régimen de tenencia de la tierra no se
había modificado y el latifundismo capitalista continuaba dominando en los campos argentinos, la economía
continuaba siendo agroexportadora y la industria solo había tenido un leve
despunte.
“El historiador.com.ar” ofrece un
planteamiento de las relaciones de este presidente con USA: “Herbert
Hoover o Hipólito Yrigoyen”: https://www.elhistoriador.com.ar/herbert-hoover-o-hipolito-yrigoyen/
A finales de 1928, el presidente electo de los Estados
Unidos, el republicano Herbert Hoover, antes de tener que enfrentar la gran
crisis de 1929, visitó la Argentina. Entonces, ambos países no mantenían
relaciones demasiado amistosas, a causa, en parte, de la tradicional política
exterior neutralista del radicalismo, que había llevado al primer gobierno
popular de la historia del país a oponerse a ciertas intervenciones
norteamericanas en países latinoamericanos. Por tal motivo, Hoover había sido
recibido en el puerto porteño al grito de “!Nicaragua! !Nicaragua!”.
Asimismo, con gestos de indiferencia o de oposición,
Yrigoyen había dejado pasar varias oportunidades para renovar la cordialidad.
Por ejemplo, cuando tras asumir su segundo mandato presidencial, el líder
radical retuvo en Buenos Aires al embajador argentino en Washington, Manuel
Malbrán. Asimismo, cuando decidió no enviar a los delegados designados por su
antecesor Marcelo T. de Alvear, a la Conferencia de Washington sobre
Conciliación y Arbitraje, convocada por Estados Unidos.
El 2 de abril de 1939, USA reconoció el régimen franquista
Ramón HDZ de Ávila ofrece un buen planteamiento: “Los EEUU ayudaron a Franco
más que Italia y Alemania: https://nuevatribuna.publico.es/articulo/historia/ee-uu-ayudaron-franco-mas-italia-y-alemania/20160727171310130441.html
Unos párrafos:
Sólo hay que repasar con ojos críticos la historia del siglo XX
sin obnubilarse por un imperio que domina el mundo con la bandera de la
democracia y la libertad, ocultando otros intereses, estratégicos, financieros
o minerales. Luego alegarán, cuando haya de escribirse la historia, que ellos
no fueron, a lo sumo que fueron daños colaterales, y que no había otro remedio
para salvar no sólo tal país sino la humanidad entera. Algo parecido a lo que
nos tienen acostumbrados estos últimos años sucedió con la España de entonces,
la de la Segunda República. Fechas en que los norteamericanos estaban muy
afectados por el avance del comunismo que llegaba ya hasta los confines de
Europa, ocupando una porción, en el extremo occidental, muy peligrosa para sus
intereses, y eso que todavía la URSS no había destapado su arsenal. Pero era su
obsesión. Con el objetivo de parar el avance del “río rojo” del este al oeste,
pusieron a Hitler (como pusieron a Sadam Hussein o se inventaron a los
talibanes), y ante la nueva postura del gobierno del Frente Popular, elegido en
las urnas, temieron que la II República acabara implantando el comunismo en
nuestra tierra. Para evitarlo, aprovecharon un golpe de Estado que degeneró en
una guerra civil apoyando a otro general que serviría de bastión contra el
avance de los “rojos”, al que era más fácil de controlar que a su homólogo
Hitler, que se les escapaba de las manos, como sucedió poco después.
La guerra entonces no se ganaba con enormes batallones, como con
los romanos o Napoleón, sino con algo más necesario y preciso que el humano, la
maquinaria y vehículos. Pero para mover esos pesados y potentes motores era
preciso un combustible, el petróleo, la gasolina. Alemania e Italia eran, como
España, importadores de esa materia. Su falta fue una de las causas por las que
fue derrotado el “Zorro del Desierto”, el gran Rommel. Sin el imprescindible
combustible Franco no hubiera ganado la guerra.
¿Y quién se lo proporcionó? Los Estados Unidos, junto a
Inglaterra, y la vista gorda o mirando para otro lado de Francia (otra falacia
eso de la “no intervención de las democracias occidentales”). A la semana de
estallar el conflicto, los generales sediciosos ya tenían asegurado el
suministro que les llegaría a través de la colonia inglesa de Gibraltar y el
gobierno portugués del dictador Salazar, que recibió en Lisboa en fechas antes
al embajador de los rebeldes facciosos que al legítimo embajador de la
República. En esa entrevista se concretó todo. Pocos historiadores le dan su
importancia, casi ninguno da datos, pero fue así, era el modo de asegurarse la
provisión el ejército rebelde y las garantías que el empresario yanqui Torkild Rieber, un
emigrante noruego, “filonazi”, admirador de dictadores, necesitaba. Dirigía
entonces la mayor empresa petrolera del mundo, Texaco, y no
ocultaba sus simpatías y preferencias por las dictaduras antes que por las
democracias. Sus empleados, desde julio del 36, mantuvieron estrechos y
frecuentes contactos con el gobierno portugués para asegurarse de que las
transacciones petroleras llegaran al general Franco por el que sentía gran
simpatía sin exigirle garantías de pago. Se lo daba fiado El mismo Torkild
Rieber ordenó que el primer cargamento, en lugar de ir destinado, como estaba
acordado anteriormente al gobierno republicano, llegara al bando rebelde
partiendo del puerto francés de Burdeos “a fin de paliar los apuros de los
nacionalistas”. Y él personalmente, meses después, viajó hasta Burgos donde se
reunió con Franco, que le condecoró. Era una ayuda ilegal y poco se ha dicho
hasta ahora de esa estimable y necesaria ayuda norteamericana al triunfo del
fascismo y de su mantenimiento durante 40 años, también gracias a los Estados
Unidos. No interesaba airear esa colaboración de ese país, adalid de la
democracia, en una guerra contra un gobierno elegido democráticamente, contra
la recuperada libertad en España.
Los negocios son los negocios. Esta colaboración ilegal llegó a
oídos del presidente Franklin D. Rooselvelt. Es decir que el gobierno de EE UU
lo sabía pero no hizo nada y se mantuvo la ayuda. Una ayuda sin la cual ni los
aviones alemanes ni los tanques italianos, ni trenes ni camiones, hubieran dado
movilidad y estrategia al ejército franquista. Una colaboración oculta, pero
fundamental para ganar una guerra.
Todo esto que ha salido a la luz gracias al libro de Adam
Hochschild titulado “Spain
in Our Hearts: Americans in the Spanish Civil Warm, 1936-39”, me
lo había contado mi padre, pero pensé que era “una batallita más” al ver que se
hablaba tan poco del combustible norteamericano. Y fue tan importante que bien
merece unas líneas para abrir nuevas perspectivas y diferenciar la verdad de la
propaganda. Saber cómo se escribe la historia; diferenciar un país y otro, y
una democracia y la otra. En fin, para conocer cómo se mueve la historia y
quién y para qué la mueve.
Gracias a l@s 1065 que acudisteis a la cita de ayer: https://carlos-ortizdezarate.blogspot.com/
Gracias a Iris
Gracias a ti
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