viernes, 2 de abril de 2021

Nuestra cita cotidiana

 

El 2 de abril de 1916 ganó las elecciones, en Argentina, Hipólito Yrigoyen. Trascarton.com.ar lo explica muy bien: “La elección de Hipólito Yrigoyen en 1916”: http://trascarton.com.ar/aniversarios/la-eleccion-de-hipolito-yrigoyen-en-1916

 

“Los comicios del 2 de abril de 1916 han de ser recordados siempre como la expresión más amplia hasta entonces de la voluntad nacional convocada para darse sus mandatarios. Era, por otra parte, la primera vez que bajo el imperio de una ley electoral genuinamente democrática, al amparo de la más absoluta prescindencia oficial y ante una gran expectativa cívica, iba a realizarse la magna elección”, afirma Bucich Escobar.

 

En esas elecciones resultó electo Hipólito Yrigoyen, el jefe de la Unión Cívica Radical (UCR), que obtuvo 372.810 votos contra los 154.549 del Partido Conservador, mientras los demócratas progresistas alcanzaban los 140.443 y los socialistas 56.107. Fueron las primeras elecciones nacionales realizadas conforme a la ley Sáenz Peña, que le dio al sufragio universal el carácter de obligatorio y secreto.

El legalismo de los radicales le impidió el despliegue de las transformaciones que la sociedad y el Estado necesitaban: cuando Yrigoyen dejó la presidencia en 1922, el régimen de tenencia de la tierra no se había modificado y el latifundismo capitalista continuaba dominando en los campos argentinos, la economía continuaba siendo agroexportadora y la industria solo había tenido un leve despunte.

“El historiador.com.ar” ofrece un planteamiento de las relaciones de este presidente con USA: “Herbert Hoover o Hipólito Yrigoyen”: https://www.elhistoriador.com.ar/herbert-hoover-o-hipolito-yrigoyen/

 

A finales de 1928, el presidente electo de los Estados Unidos, el republicano Herbert Hoover, antes de tener que enfrentar la gran crisis de 1929, visitó la Argentina. Entonces, ambos países no mantenían relaciones demasiado amistosas, a causa, en parte, de la tradicional política exterior neutralista del radicalismo, que había llevado al primer gobierno popular de la historia del país a oponerse a ciertas intervenciones norteamericanas en países latinoamericanos. Por tal motivo, Hoover había sido recibido en el puerto porteño al grito de “!Nicaragua! !Nicaragua!”.

Asimismo, con gestos de indiferencia o de oposición, Yrigoyen había dejado pasar varias oportunidades para renovar la cordialidad. Por ejemplo, cuando tras asumir su segundo mandato presidencial, el líder radical retuvo en Buenos Aires al embajador argentino en Washington, Manuel Malbrán. Asimismo, cuando decidió no enviar a los delegados designados por su antecesor Marcelo T. de Alvear, a la Conferencia de Washington sobre Conciliación y Arbitraje, convocada por Estados Unidos.

 

 

 

 

El 2 de abril de 1939, USA reconoció el régimen franquista Ramón HDZ de Ávila ofrece un buen planteamiento: “Los EEUU ayudaron a Franco más que Italia y Alemania: https://nuevatribuna.publico.es/articulo/historia/ee-uu-ayudaron-franco-mas-italia-y-alemania/20160727171310130441.html

Unos párrafos:

 

Sólo hay que repasar con ojos críticos la historia del siglo XX sin obnubilarse por un imperio que domina el mundo con la bandera de la democracia y la libertad, ocultando otros intereses, estratégicos, financieros o minerales. Luego alegarán, cuando haya de escribirse la historia, que ellos no fueron, a lo sumo que fueron daños colaterales, y que no había otro remedio para salvar no sólo tal país sino la humanidad entera. Algo parecido a lo que nos tienen acostumbrados estos últimos años sucedió con la España de entonces, la de la Segunda República. Fechas en que los norteamericanos estaban muy afectados por el avance del comunismo que llegaba ya hasta los confines de Europa, ocupando una porción, en el extremo occidental, muy peligrosa para sus intereses, y eso que todavía la URSS no había destapado su arsenal. Pero era su obsesión. Con el objetivo de parar el avance del “río rojo” del este al oeste, pusieron a Hitler (como pusieron a Sadam Hussein o se inventaron a los talibanes), y ante la nueva postura del gobierno del Frente Popular, elegido en las urnas, temieron que la II República acabara implantando el comunismo en nuestra tierra. Para evitarlo, aprovecharon un golpe de Estado que degeneró en una guerra civil apoyando a otro general que serviría de bastión contra el avance de los “rojos”, al que era más fácil de controlar que a su homólogo Hitler, que se les escapaba de las manos, como sucedió poco después.

La guerra entonces no se ganaba con enormes batallones, como con los romanos o Napoleón, sino con algo más necesario y preciso que el humano, la maquinaria y vehículos. Pero para mover esos pesados y potentes motores era preciso un combustible, el petróleo, la gasolina. Alemania e Italia eran, como España, importadores de esa materia. Su falta fue una de las causas por las que fue derrotado el “Zorro del Desierto”, el gran Rommel. Sin el imprescindible combustible Franco no hubiera ganado la guerra.

¿Y quién se lo proporcionó? Los Estados Unidos, junto a Inglaterra, y la vista gorda o mirando para otro lado de Francia (otra falacia eso de la “no intervención de las democracias occidentales”). A la semana de estallar el conflicto, los generales sediciosos ya tenían asegurado el suministro que les llegaría a través de la colonia inglesa de Gibraltar y el gobierno portugués del dictador Salazar, que recibió en Lisboa en fechas antes al embajador de los rebeldes facciosos que al legítimo embajador de la República. En esa entrevista se concretó todo. Pocos historiadores le dan su importancia, casi ninguno da datos, pero fue así, era el modo de asegurarse la provisión el ejército rebelde y las garantías que el empresario yanqui Torkild Rieber, un emigrante noruego, “filonazi”, admirador de dictadores, necesitaba. Dirigía entonces la mayor empresa petrolera del mundo, Texaco, y no ocultaba sus simpatías y preferencias por las dictaduras antes que por las democracias. Sus empleados, desde julio del 36, mantuvieron estrechos y frecuentes contactos con el gobierno portugués para asegurarse de que las transacciones petroleras llegaran al general Franco por el que sentía gran simpatía sin exigirle garantías de pago. Se lo daba fiado El mismo Torkild Rieber ordenó que el primer cargamento, en lugar de ir destinado, como estaba acordado anteriormente al gobierno republicano, llegara al bando rebelde partiendo del puerto francés de Burdeos “a fin de paliar los apuros de los nacionalistas”. Y él personalmente, meses después, viajó hasta Burgos donde se reunió con Franco, que le condecoró. Era una ayuda ilegal y poco se ha dicho hasta ahora de esa estimable y necesaria ayuda norteamericana al triunfo del fascismo y de su mantenimiento durante 40 años, también gracias a los Estados Unidos. No interesaba airear esa colaboración de ese país, adalid de la democracia, en una guerra contra un gobierno elegido democráticamente, contra la recuperada libertad en España.  

Los negocios son los negocios. Esta colaboración ilegal llegó a oídos del presidente Franklin D. Rooselvelt. Es decir que el gobierno de EE UU lo sabía pero no hizo nada y se mantuvo la ayuda. Una ayuda sin la cual ni los aviones alemanes ni los tanques italianos, ni trenes ni camiones, hubieran dado movilidad y estrategia al ejército franquista. Una colaboración oculta, pero fundamental para ganar una guerra.

Todo esto que ha salido a la luz gracias al libro de Adam Hochschild titulado “Spain in Our Hearts: Americans in the Spanish Civil Warm, 1936-39”, me lo había contado mi padre, pero pensé que era “una batallita más” al ver que se hablaba tan poco del combustible norteamericano. Y fue tan importante que bien merece unas líneas para abrir nuevas perspectivas y diferenciar la verdad de la propaganda. Saber cómo se escribe la historia; diferenciar un país y otro, y una democracia y la otra. En fin, para conocer cómo se mueve la historia y quién y para qué la mueve.

 

 

Gracias a l@s 1065 que acudisteis a la cita de ayer: https://carlos-ortizdezarate.blogspot.com/

Gracias a Iris

Gracias a ti

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